lunes, 24 de septiembre de 2007

Valparaíso

ya habrá tiempos de salir a recorrer el sabio mundo de lo divino. de dejar a un lado todas las vergüenzas y desvergüenzuras que nos prometió un tiempo anterior.
de tentar a un gentil hombre quizas... a salir de su quietud común, para dar atención a ese espacio, a esa salida de aquí... de dar la vuelta perfecta... e invocar ciertos malos entendidos, de un pasado, si!, que dejaron su marca... en el paso por dar.
Al pasar el momento… ese momento tan cuestionado al ir y venir, dimos cuenta de un oasis salvaje, de esos que encarnan en vida sueños de antaño, el gran personaje mágico que quizás siempre esperamos conocer en vida, pero que muy pocos tienen la fortuna de hacerlo.
Aquel personaje que logre hacernos volar libres entre palabras sinceras, entregadas, bohemias, turbias, de sabias sin causas y de vientre a vientre.

Sería prudente atender a los tenues arranques de lucides, propios de agotados momentos inquietos, y atesorarlos fecundos en el re-cuerdo.
Esa noche, descubrí o inventé, QUIEN SABE!, un yo lo suficientemente abstracto para entrar en un mundo que quizas lo es más, con un permisivo "hola!", que da paso a que las palabras escurran, se escurran, sean escurridas, pensadas, ¡sentidas más bien!. Llenos los espacios de un calor distinto, de un temblor se me escurre también el sentir, me traiciona la conciencia moral, me culpa de evidente, de turiba, me llena, me lleva consigo en cada letra
y yo a él, esta figura andantemente abstracta.
Hayamos y compartimos, aquella noche, la potencia de las palabras sin filtro, pero con peaje y con sentir; acto seguido, esa inexplicable sentación, de estar aquí y allá, pero no estar, de emborracharnos y drogarnos en este oasis salvaje, que en-turbia mi bajo vientre, tanto como yo, o mis palabras, peor dicho, el suyo.
El sin miedo de compartir libres y juntos, distintos y comunes, la autenticidad de la verdad, de las palabras precisas, de dejarse tentar, de permitir dar todo lo propio, en sanas palabras.
Casi nos volamos, el mar y su sonido fue nuestro, y las arenas del mar también, porque su porvenir remoto fui yo, y él el mio, y ahora también, porque en cada letra que escribo, ahí está.

Ya encontramos un nuevo sentido, otra perspectiva, un nuevo paradigma que postula una sincera confianza, que de vez en vez, supera los límites esperables, cuerdos, de ser, de fue, de azar.
Recuerdos de los más oscuros... a la resplandeciente luz de la actualidad, lo contingente, que grita con fuerza que la vida no lo sería, si no nos privara de aquello que tanto esperamos y quisimos, para perseverarlos. Muchas veces me sirvió no estar... más que estar allá, o acá... así como ahora... que me exige estar allá, siendo presente (eso dicen) yo acá, pero allá.
Callar, oir la voz del bajo vientre, para así luego escupirla del modo más sublime en este sueño andante, que presente o no, resulta ser no más que una figura abstracta que de vez en cuando juega a quitarme el sueño.
"¡la raja!"

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