jueves, 28 de febrero de 2008

Si pues... uno se lee, de vez en vez se relee... y quiero pensar que jamás es el mismo texto, pues siempre las CAUSAS son las que el AZAR decida... por tanto... tan "azarientas" como éste quiera.

Tanto y más tanto que discutimos eso de las decisiones en cuanto al mismo uno que se forja... lindo... esa gran idea, gracias por incluirla.

Yo me leo en El, me releo despues... me condigo libremente con esos pactos de confianza libre, por lo que, acto seguido a tomar conciencia de ésto... me desnudo tambien... lo desnudo El... nos acariciamos... LIBRES Y FELICES, con estas palabras mias y de El, que las mias son siempre suyas, porque, como besar, cada beso que se DA, es del otro, como regalo, como señal de respeto o de admiración... siempre es del receptor... mis palabras son de El, aun que El no las quiera para si.

Entonces sí... me tengo y me tienes, mientras que en el tiempo se sigan atascando los rasgos de una vida muy terrenal que hoy por hoy no nos caracteriza.

Yo no me atrevo muchas veces a leerlo a El, pues es tanta mi admiración, que creo una falta de respeto invadir tanto su mundo... el "mundo El"

sábado, 9 de febrero de 2008

El reloj de Arena

Está bien que se mida con la dura
Sombra que una columna en el estío
Arroja o con el agua de aquel río
En que Heráclito vio nuestra locura

El tiempo, ya que al tiempo y al destino
Se parecen los dos: la imponderable
Sombra diurna y el curso irrevocable
Del agua que prosigue su camino.

Está bien, pero el tiempo en los desiertos
Otra substancia halló, suave y pesada,
Que parece haber sido imaginada
Para medir el tiempo de los muertos.

Surge así el alegórico instrumento
De los grabados de los diccionarios,
La pieza que los grises anticuarios
Relegarán al mundo ceniciento

Del alfil desparejo, de la espada
Inerme, del borroso telescopio,
Del sándalo mordido por el opio
Del polvo, del azar y de la nada.

¿Quién no se ha demorado ante el severo
Y tétrico instrumento que acompaña
En la diestra del dios a la guadaña
Y cuyas líneas repitió Durero?

Por el ápice abierto el cono inverso
Deja caer la cautelosa arena,
Oro gradual que se desprende y llena
El cóncavo cristal de su universo.

Hay un agrado en observar la arcana
Arena que resbala y que declina
Y, a punto de caer, se arremolina
Con una prisa que es del todo humana.

La arena de los ciclos es la misma
E infinita es la historia de la arena;
Así, bajo tus dichas o tu pena,
La invulnerable eternidad se abisma.

No se detiene nunca la caida
Yo me desangro, no el cristal.
El rito De decantar la arena es infinito
Y con la arena se nos va la vida.

En los minutos de la arena creo
Sentir el tiempo cosmico: la historia
Que encierra en sus espejos la memoria
O que ha disuelto el magico Leteo.

El pilar de humo y el pilar de fuego,
Cartago y Roma y su apretada guerra,
Simón Mago, los siete pies de tierra
Que el rey sajón ofrece al rey noruego,

Todo lo arrastra y pierde este incansable
Hilo sutil de arena numerosa.
No he de salvarme yo, fortuita cosa
De tiempo, que es materia deleznable.

Jorge Luis Borges,
el fanático de los Laberintos y Destinos
¬¬